La vacuna cubana contra el cáncer que quiere EE. UU.

Durante los 55 años que ha durado el embargo de Estados Unidos a Cuba, las relaciones políticas no han sido las únicas congeladas. Algunos avances médicos, como una vacuna contra el cáncer de pulmón que circula en la isla desde 2011 y que ahora los estadounidenses quieren rescatar, también quedaron bloqueadas por las diferencias entre ambos países.

En medio de los esfuerzos que ha realizado la administración Obama para normalizar su relación con Cuba, se han ido colando algunas iniciativas que buscan garantizar la colaboración científica entre ambos.

El Centro de Inmunología Molecular de Cuba (CIM) y el Instituto del Cáncer de Roswell Park de Búfalo (Estados Unidos), firmaron un acuerdo para terminar de desarrollar una vacuna contra el cáncer de pulmón que ya ha sido aceptada en Cuba.

La idea es que la Civamax, en la que trabajaron los cubanos por más de 25 años antes de que el Ministerio de Salud la hiciera pública y gratuita en 2011, empiece ensayos clínicos en Estados Unidos y sea finalmente aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de este país (FDA, por sus siglas en inglés).

Según explicó Candace Johnson, CEO del Instituto Roswell, a la revista Wired, el CIM aceptó ceder la documentación sobre la vacuna para que el instituto sea el que presente la solicitud ante la FDA. La idea es obtener la aprobación para experimentar con ella y empezar los ensayos clínicos en los próximos siete meses.

A pesar del avance político que la vacuna representa, algunos científicos afirman que la Cimavax no partirá la historia del cáncer en dos, pues no ataca de forma directa el tumor, sino que está diseñada para atacar una proteína que los tumores liberan en la sangre, lo que hace que el cuerpo libere anticuerpos y estimule una hormona que fomenta el crecimiento celular, evitando la metástasis.

Debido a que el objetivo de la vacuna es impedir el desarrollo del cáncer, el equipo de Roswell Park cree que pueden explorar su potencial para tratar otros tipos de cáncer. Trabajo en el que los cubanos probablemente no ahondaron por falta de recursos.

Pero ¿cómo terminó Cuba con una vacuna tan avanzada como para que la quieran los estadounidenses? A pesar de décadas de sanción económica, tanto el gobierno de Fidel como de Raúl Castro le han puesto el ojo a la biotecnología. Después del brote de dengue en 1981, que afectó a casi 350.000 cubanos, el Gobierno estableció el Frente Biológico, una iniciativa que hoy atrae el interés estadounidense por la ciencia cubana y que antes le permitió a Cuba tener sus propias vacunas para la meningitis B y la hepatitis B, y desarrollar anticuerpos para que los trasplantes de riñón no sean rechazados.

Aunque el embargo a la isla sigue y levantar las restricciones en contra de equipos médicos y de investigación depende del Congreso estadounidense, muchos científicos empiezan a visualizar un escenario de mayor colaboración. Debido a las limitaciones, los cubanos se han visto en la obligación de ser más recursivos y desarrollar otras formas de concebir la ciencia. Ideas que, una vez tengan luz verde para salir del país, podrían potenciar los campos que otros aún no se han interesado por explorar.