Estas son las 7 reglas para vivir una sexualidad sana

Uno de los temas más difíciles de abordar con un adolescente es la sexualidad. Aunque ya no es un tema proscrito entre padres e hijos, se echa de menos la naturalidad al tocar estos temas, y es tan necesario para evitar disfunciones en el futuro, que cuesta creer que no sea tomado como un problema de salud.

Del mismo modo que se enseña a los niños a utilizar correctamente el cepillo de dientes, deberían poder explicarse estos temas de una manera simple, amena y, sobre todo sincera.
Para vivir una sexualidad sana existen 7 pautas básicas:

Conócete a ti mismo. La autoexploración, que comienza en una etapa temprana de la niñez, no debería ser coartada. Siempre y cuando se realice de manera privada, es la mejor manera de saber a qué estímulos responde nuestro cuerpo. Si no te conoces a ti mismo, no puedes decirle a tu pareja qué te gusta.
Tu mapa erótico. Continuando con el punto anterior, tienes que identificar cuáles son tus zonas erógenas, y no, no son las mismas en todos los individuos. Generalmente los puntos más sensibles son: orejas, labios, boca, nuca, cuello, hombros, axilas, pecho, pezones, cintura, parte interior del codo, monte de venus, clítoris, labios mayores y menores, pene, escroto, perineo y muslos.
Cultiva la erotofilia, que no es otra cosa que la actitud positiva a todo lo erótico y sexual. Hay que desechar los sentimientos de culpa y los prejuicios. El sexo es bueno, y hablar de ello no debe causarte vergüenza. Las personas que tienen una actitud de rechazo hacia el sexo, o erotofobia, pueden terminan presentando cuadros de ansiedad, o disfunciones sexuales (vaginismo, disfunción eréctil, etc).
Cultiva la autoestima sexual. Valora tu cuerpo, ámalo. Si no te gustas a ti misma, si no te ves con buenos ojos, no disfrutarás del sexo. La actitud positiva te llevará a una satisfacción mayor.
Sé un poco egoísta. En el sexo hay que pensar no solo en el placer de tu pareja: hay que ser un poco egoísta también y buscar el propio, o el sexo se acabará convirtiendo en algo mecánico, que harás para cumplir con tu pareja y que te deje tranquila. Así que déjate hacer y disfruta.
Trabaja la asertividad. No todo vale en la cama y no todo te vale a ti. Comunícate, di con claridad qué te gusta y qué no. Tu pareja no es adivino o adivina, así que dale, cuéntalo todo. Practica con tu pareja la escucha activa: hay que mantener una actitud empática, y nunca burlarnos de los deseos del otro.
Protege tus derechos. En el XIII Congreso Mundial de Sexología, celebrado en Valencia en 1997, se redactó una declaración de derechos sexuales universales, que son los siguientes:

  • El Derecho a la Libertad Sexual.
  • El Derecho a la Autonomía Sexual, Integridad Sexual y Seguridad del Cuerpo Sexual.
  • El Derecho a la Privacidad Sexual.
  • El Derecho a la Equidad Sexual.
  • El Derecho al Placer Sexual.
  • El Derecho a la Expresión Sexual Emocional.
  • El Derecho a la Libre Asociación Sexual.
  • El Derecho a Hacer Opciones Reproductivas, Libres y Responsables.
  • El Derecho a Información Basada en el Conocimiento Científico.
  • El Derecho a la Educación Sexual Comprensiva.
  • El Derecho al Cuidado de la Salud Sexual.
  • Tu sexualidad depende única y exclusivamente de ti, de tu actitud y de tu autoestima. No dejes que ni prejuicios ni censuras aprendidas, ni tampoco imposiciones sociales o de pareja te impidan disfrutar de ella.

Fuente: Cosmopolitan