“Mamá Goya”, reina de las baleadas capitalinas

Sus manos han preparado desde 1963 las baleadas más sabrosas de Tegucigalpa, en un puesto de venta ubicado en el estadio El Birichiche.

Las tortillas de harina, grandes y esponjosas; los frijoles bien fritos, la mantequilla olanchana, pero sobre todo, el amor a su trabajo, son los ingredientes que “Mamá Goya” le pone a esta sabrosa comida típica “catracha”.

Con la venta de exquisitas baleadas, esta hondureña emprendedora se ha ganado la vida, pero también el cariño de sus clientes y el de incontables niños que con la panza “vacía”, pero llenos de ilusiones, sueñan con convertirse en estrellas del fútbol.

¿Cuál es su nombre, Mamá Goya?, se le pregunta a esta comerciante de 76 años, originaria de Langue, Valle, madre de 9 hijos y con 10 nietos.

“La misma generación de jugadores que han pasado por este campo deportivo, los niños, del cariño que yo les daba, entonces me pusieron Mamá Goya. Mi nombre es Gregoria Ortiz viuda de Griffin, entonces los niños se fueron criando con aquel cariño de decirme Mamá Goya, y se quedó todo el mundo con eso de Mamá Goya”, relata la entrevistada.

Cuenta que inició su negocio en 1963, cuando su esposo, Félix Alejandro Griffin, la trajo a vivir con él a la capital. En un comienzo vendía horchata, carne asada, chuletas, papas fritas y yuca en los alrededores del estadio Nacional.

“Pero en eso la gente me preguntaba: ¿Y por qué no hacés baleadas, negra? Me trabaron negra por él… Él era negrito. Y me preguntaban si yo era de la costa y así fui aprendiendo. Traje una muchacha quince días para que me enseñara y ligerito aprendí. Y de ahí empecé a enseñarles a mis hijas. Ahora todas mis hijas saben hacer baleadas”.

“Mamá Goya” recuerda que en esos viejos tiempos vendía las baleadas a 10 centavos.

“De ahí, cuando la harina iba subiendo, las daba a 15 centavos, el precio más caro era 20 centavos, y a uno le dolía porque se le hacía difícil a un niño conseguir una baleada por 20 centavos, pero a los niños yo no se las vendía, se las regalaba”.

¿Cuántas baleadas habrán pasado por sus manos?, se le consulta, y ella se tira una carcajada y dice: “Uh… montones, millares de sacos de harina… Nunca he llevado un conteo”.

Las baleadas de “Mamá Goya” son famosas, sin embargo, ¿qué las hace tan especiales? La experta confiesa que lo bueno de una baleada es “que sean esponjositas y que lleven frijoles bien hechitos, con buena mantequilla, que sea olanchana, esa es la que usamos nosotros. Y lo otro es la buena atención al cliente, eso es lo principal, porque puede usted estar lleno de problemas, pero el cliente es lo primero”.

Fuente: La Tribuna